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Viaje al país de las maravillas

Viaje al país de las maravillas

  • Lewis Carroll, además de escritor, poeta, matemático y fotógrafo, fue un inventor de juegos basados en el lenguaje; trabajó, por ejemplo, en una versión simplificada del Scrabble.
  • La combinación de fantasía, disparate y absurdo, junto a incisivas paradojas lógicas y matemáticas, permitieron que Alicia en el país de las maravillas se convirtiera en clásico de la literatura.

 

Alicia, una niña a la que no le gustan los libros sin dibujitos, intenta leer debajo de un árbol, pero sus ojos vagan por el campo. Un conejo blanco de sombrero irrumpe en la escena, consulta su reloj y, apresurado, se introduce en una madriguera. Sin asustarse ni reflexionar demasiado, Alicia sigue al conejo por un túnel, para salir a un mundo disparatado, similar a los sueños.

Escritor, poeta, matemático, ilusionista, fotógrafo y muchas cosas más, Charles Lutwigde Dodgson, conocido en el mundo literario como Lewis Carroll, introdujo a la era victoriana ─profundamente puritana y llena de tabúes─ personajes eternos e inolvidables como la Liebre de Marzo, el Sombrerero Loco, el Gato de Cheshire, el Conejo Blanco, la Reina de Corazones, Humpty Dumpty, entre muchos otros que aportaron fantasía y absurdos a una sociedad que, ante la Revolución Industrial, enfrentaba un cambio radical en sus formas de producción, organización y vida.

Myriam Laurini, periodista y escritora argentina; autora de diversos cuentos y novelas (entre las que destacan Morena en rojo, Para subir al cielo y Qué raro que me llame Guadalupe); y ganadora, entre otros reconocimientos, del Premio Internacional de Cuento otorgado por la International Association of Crime Writers (IACW , España, 1998), conversó con Editores Mexicanos Unidos sobre la obra de Carrol, éxito de ventas en la Inglaterra victoriana, reconocido por la crítica internacional en los siglos venideros.

Editores Mexicanos Unidos (EMU): ¿Quién fue Lewis Carrol?

Myriam Laurini (M.L.): Charles Lutwidge Dodgson, quien firmó toda su obra bajo el seudónimo Lewis Carroll, nació en Daresbury, Cheshire, Inglaterra, el 27 de enero de 1832.

Su padre era un clérigo rural anglicano que fue ascendiendo en el escalafón eclesiástico hasta llegar a tener una cómoda situación económica. Cuando Charles tenía once años, su padre fue nombrado párroco de la localidad de Croft-on-Tees, en North Yorkshire, y toda la familia se trasladó a la espaciosa rectoría que sería la morada familiar durante los siguientes veinticinco años.

Charles inició su educación en casa. Las listas de sus lecturas, conservadas por la familia, atestiguan su precocidad intelectual. De niño sufrió de un tartamudeo que tendría efectos perjudiciales en sus relaciones sociales durante toda su vida. Padeció sordera en el oído derecho a consecuencia de una enfermedad. A los doce años fue enviado a una escuela privada en las afueras de Richmond, donde parece que se integró bien. En 1851, se trasladó a la Universidad de Oxford, donde ingresó en el antiguo college de su padre, Christ Church. Llevaba sólo dos días en Oxford cuando tuvo que regresar a su casa: su madre había muerto de “inflamación del cerebro”, posiblemente meningitis, a los cuarenta y siete años.

A pesar de las circunstancias en las que inició su carrera académica, gracias a su excepcional inteligencia obtuvo con facilidad resultados excelentes. Su brillantez como matemático le hizo ganar, en 1857, un puesto de profesor de matemática en Christ Church, que desempeñaría durante los veintiséis años siguientes, aunque no parece haber disfrutado especialmente de su actividad. Cuatro años después fue ordenado diácono. Si a estos datos biográficos sumamos que tuvo fama de conservador y los comentarios de muchos biógrafos que opinan que murió virgen, tenemos los ingredientes de una biografía aburrida y victoriana.

EMU: No obstante a esta faceta tradicional que responde muy bien a la forma de vida de su época, se sumó a la lista de genios literarios del siglo XIX.

M.L.: Debemos recordar que junto a los cambios socioeconómicos y tecnológicos que se registraron en Inglaterra con la Revolución Industrial, esta etapa se caracterizó por una gran efervescencia intelectual, y una revolución en el arte y la literatura. El XIX es el siglo de Lord Byron, Percy Shelley, John Keats, Ann Radcliffe, Jane Austen, Anne, Charlotte y Emily Brontë, R.L. Stevenson, Charles Dickens, Mary Shelley, Arthur Conan Doyle, Wilkie Collins, G.K. Chesterton, Thomas de Quincey, George Eliot, Sarah Grand, Thomas Hardy y H.G. Wells.

A la lista anterior habría que agregar a Charles Lutwigde Dodgson, pero no al de la biografía aburrida, sino al asociado con su seudónimo literario: Lewis Carroll, quien además de escritor, poeta, matemático y fotógrafo, fue un experto en fabricar inventos y pequeños mecanismos, de los cuales se llegó a hablar en numerosas revistas especializadas. Asimismo inventó muchos juegos basados en el lenguaje; por ejemplo, trabajó en una versión simplificada de lo que hoy conocemos como Scrabble.

Lewis Carroll se desarrolló también como fotógrafo, arte que convirtió en expresión de su personal filosofía interior: la creencia en que la belleza significaba un estado de perfección moral, estética o física. A través de la fotografía, Carroll trató de combinar los ideales de libertad y belleza. En su mediana edad, esta visión se transformó en la persecución de la belleza como un estado de gracia, un medio para recuperar la inocencia perdida. Esto le trajo problemas con la moral victoriana y con los principios anglicanos de su propia familia.

Fue objeto de diversas especulaciones sobre sus tendencias sexuales, que muchos consideraron patológicas, sobre todo en lo referente a sus amistades con niñas, a las que gustaba de fotografiar en las poses más variadas, ataviadas con multitud de vestimentas, e incluso desnudas.

EMU: Alicia fue una persona real, ¿cómo encaja su presencia en esta biografía y de qué forma se convirtió en el personaje literario que todos conocemos?

M.L.: En 1856, un nuevo deán, Henry Liddell, llegó a Christ Church, junto con su joven esposa y sus hijas. El escritor entabló una gran amistad con los nuevos vecinos, especialmente con las tres hijas, Lorina, Alice y Edith. Parece ser que se convirtió en una especie de tradición para Dodgson llevar a las niñas de picnic al río. En un día de julio de 1862, en el curso de uno de sus paseos habituales con la pequeña Alice Liddell y sus dos hermanas, les relató una historia fantástica: las aventuras subterráneas de Alicia. Según la leyenda, la pequeña Alicia le pidió que escribiera el relato para poder leerlo una y otra vez. Dodgson cumplió con ese deseo y el libro se publicó en 1865, con el título de Alicia en el país de las maravillas; él mismo costeó la edición, que fue un éxito de ventas y recibió los elogios unánimes de la crítica.

Hacia fines de la década de1860, la buena relación de Carroll con la familia Liddel cesó de forma tajante sin que se conozcan las causas. Aunque Carroll y Alice mantuvieron correspondencia durante muchos años, sus encuentros fueron muy esporádicos. El multitudinario éxito de Alicia en el país de las maravillas lo llevó a escribir y publicar una segunda parte, Alicia a través del espejo y lo que encontró allí.

Posteriormente, Carroll publicó su gran poema paródico La caza del Snark, en 1876; y los dos volúmenes de su última obra, Silvia y Bruno en 1889, y 1893, respectivamente.

EMU: ¿Por qué Alicia continúa siendo un personaje icónico en nuestra época?

La particular combinación de fantasía, disparate y absurdo, junto a incisivas paradojas lógicas y matemáticas, permitieron que la obra se convirtiera en clásico de la literatura infantil, al tiempo que aportaba inteligentes sátiras morales, llenas de apuntes filosóficos y lógicos, para un público adulto y atento.

Alicia vive una serie de aventuras en un mundo irracional donde todo lo que pasa es parecido a lo que ocurre en los sueños; y de la misma forma que en un sueño, Alicia no se sorprende de estar hablando con los animales, y cuando lo hace, rápido acepta su suerte, al igual que lo hace con la tendencia de quienes la rodean ─y de ella misma─ a crecer y encogerse. Entre más avanza la trama, todo se vuelve más irracional, el Sombrerero Loco con su reloj que marca los días en lugar de las horas; la sonrisa sin Gato, el Gato con sonrisa y su fantástica manera de hacer aparecer sólo partes de su cuerpo; La Reina y su mantra “que le corten la cabeza”… una maravilla de principio a fin.

Alicia en el país de las maravillas es una lectura compleja, entretenida que divierte a los niños y hace pensar a los adultos. En la continuación, Alicia a través del espejo, la protagonista se ve envuelta en una loca partida de ajedrez donde los arroyos y los setos dividen las casillas y ella es un peón que quiere ser reina. En esta partida de ajedrez nada tiene sentido y nada es lo que parece, porque en el mundo del espejo la realidad está distorsionada o ─si se quiere─ se ve desde un ángulo distinto al tradicional. Al igual que su predecesora, Alicia a través del espejo, publicada seis años después que la primera novela, pronto obtuvo el reconocimiento mundial.

EMU: No obstante, los últimos años de vida de Carroll fueron un tanto oscuros.

M.L.: Según iba envejeciendo, el escritor fue cada vez menos famoso. Se cree que autodestruyó gran parte de su obra fotográfica, ya que muchos lo acusaron de tener tendencias pederastas. Por si fuera poco, sus últimas obras literarias no tuvieron el éxito esperado.

Charles Dodgson murió sin pena ni gloria a causa de una neumonía, en Guildford, Surrey, el 14 de enero de 1898.

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